Comprar ropa de segunda mano es una decisión política

Hasta hace pocos meses, comprar ropa de segunda mano para mí solo era una manera de obtener prendas únicas. Así las podía combinar con todo lo que tenía de grandes tiendas (la mayoría estilo fast-fashion, lamentablemente). Todos los básicos los compraba en tiendas de Inditex y en mis intentos de encontrar ropa sostenible a un precio razonable. A eso le añadía algo vintage para intentar no ir igual que cada persona con la que me cruzo en esta ciudad.

Fotograma del videoclip “Thrift Shop” de Macklemore

Poco a poco, la pequeña porción de cosas de segunda mano que hay en mi armario ha ido creciendo. “Comprando ropa de segunda mano contribuyes a la sostenibilidad del planeta”. Esa es la frase, surgida de uno de los altavoces de la Humana, cadena de tiendas de segunda mano, que me llevó a investigar un poco más sobre este tema. (Por cierto, esos altavoces son los mismos que en la tienda a veces anuncian happy hours con descuentos de hasta el 40%.)

Ese mismo día y después de pagar unos 20 euros por solo 4 prendas, me topé en el mostrador de la tienda con su revista de marzo (¡ver foto!). Ahí encontré datos tan escalofriantes como los siguientes: el 8% de las emisiones globales de CO2 y el 20% de las aguas residuales que se producen en el planeta provienen de la industria textil.

“Se acaba el tiempo en la batalla contra el CO2” es el título de la revista de Humana de marzo.

Hasta ahora, sabía que la industria de la moda tenía a gran parte del sudeste asiático trabajando en condiciones precarias. Y aunque me avergüence, esto solo me sensibilizó sobre la cara B de la moda pero no me llevó a hacer un cambio radical. Pero ahora, a esta consecuencia se le suman muchas otras de tipo medioambiental y todo ello hace que deje de hacer la vista gorda en cuanto a la rueda del fast-fashion.

Existen consecuencias medioambientales que eran de esperar, como las altas emisiones de CO2, pero también otras que ni siquiera habría imaginado. Algunas son la cantidad de pesticidas que suelen usarse en las plantaciones de algodón, los microplásticos de los detergentes o las microfibras que desprenden algunas telas sintéticas al lavarse y que acaban en el océano.

Fotografía de Benjamin Lennox

El problema no es sólo cómo se produce, si no la cantidad que se produce. Según el estudio “Una nueva economía textil: diseñar el futuro de la moda” realizado por la Fundación Ellen MacArthur, del 2000 al 2015 se ha duplicado la producción de piezas de ropa a nivel mundial: de 50.000 a 10.000 millones. Y el programa Detox de Greenpeace  pronostica que se dará un aumento incesante de la producción de hasta el 63% para 2030. ¿Cómo es posible que la Humanidad esté absorbiendo una oferta tan alta?

Del Lookbook SS19 de Vivienne Westwood

Será que habrá demanda, una demanda desmesurada y continua. La mayoría compramos mucho y de mala calidad y damos muy poco uso a lo comprado. (Interesadxs en solucionar este problema en concreto, lean este otro artículo de Inés Martí). Y encima lo tiramos y no lo reciclamos. Más del 90% del residuo textil de España acaba siendo enterrado o incinerado y solo 1 de cada 10 piezas se lleva a un punto de recogida autorizado, explica el dossier de Humana. ¡Y además el textil es uno de los materiales más reciclables, se ve que se pueden hacer maravillas!

“La mayoría compramos mucho y de mala calidad y damos muy poco uso a lo comprado.”

La moda es un gran imperio, con el que muchos disfrutamos, pero también es una de las industrias más contribuyentes al calentamiento global. Esto no quiere decir que tengamos que dejar de comprar ropa nueva. Está claro que es agradable ponerse algo completamente nuevo, que no esté desgastado, que sea suave, ¿pero es necesario que lo hagamos tan a menudo?

De una búsqueda rápida en Google

Para unos, comprar ropa es una mera necesidad porque no pueden ir desnudos por la calle. (Bueno, por poder…) Y para otros es una forma de autodefinirse, conocerse, presentarse y hasta una manera más de ocio. Sea lo que sea, comprar ropa ahora es también, como mínimo para mí, un acto político. Queda claro todo lo que hay detrás de tu decisión de comprar “esa” camiseta, o “esos” pantalones. Digamos que ahora tu tarjeta entrando en el datáfono equivale a la papeleta cayendo en la urna. ¡Pura poesía!

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